Resiliencia

Resiliencia

Por eso, no huyamos del dolor.

Pareciera que todos tenemos que estar siempre contentos, alegres y felices, mostrando a los demás optimismo, risas y buenas palabras…y esto no es una constante en una vida real. La vida real consta de altos y bajos; todos hemos pasado por ello. No lo neguemos.

En los últimos tiempos  y en una sociedad con marcado afán en el ir hacia afuera y no tanto en el ir hacia dentro, percibimos la entonación en el hacer y mostrar únicamente el lado “positivo” de las cosas, de las emociones o de los hechos…y mostrarnos al mundo con nuestro dolor interno (el lado “negativo” de la moneda) semeja que nos hace ser menos que los demás y no merecedores del amor del otro. Por eso y otras muchas razones muchas veces ocultamos esta cara a los demás y preferimos vivirlo en soledad.

El dolor emocional existe, todos lo sufrimos en algún momento de nuestras vidas, en mayor o menor medida.

El dolor nos hace humanos y, reconocerlo, acariciarlo y mostrarlo a los demás, nos permite entrar en contacto con nosotros mismos y también acercarnos a los otros porque nos hace semejantes. Deja de convertirnos en superhéroes.

El dolor, físico o emocional, o ambos porque están íntimamente relacionados, nos permite ir hacia dentro y nos hace vulnerables. Sí, vulnerables. ¡Qué auténtico el mundo de las emociones! ¡Y cuánto se puede vivir y a la vez sufrir a través de ellas!

El dolor.

Date permiso para sentirlo y que los demás te sientan con él.

Date permiso para acariciarlo y que los demás te acaricien con él.

Date permiso para abrazarlo y que los demás te abracen con él.

Date permiso para mimarlo y que los demás te mimen con él.

Y algún día, sólo algún día (ni hoy, ni mañana, ni pasado, ni quizás dentro de un mes…, si no que no sabemos cuándo) después de haberlo sentido, vivido y a veces sufrido, entonces algún día, y sólo algún día sí se irá. Y entonces sí será posible que sintamos que efectivamente ese dolor ha servido para algo, y quizás sí haya servido para hacernos más fuertes y quizás entonces recuperemos de nuevo la alegría y la fuerza motora que nos guía. Entonces haremos uso de la Resiliencia.

Mientras tanto…reconócelo: es posible que te sientas triste, hundido, pequeño, vulnerable, incomprendido, no querido, muy querido,…es posible que sientas que todo lo haces mal y que todo lo has hecho mal…, es posible que te sientas frustrado, herido, desconfiado, vacío, desorientado, distante,…¡tantas cosas son posibles en el mundo de las emociones…!

Quizás después de pasar por el dolor que toca vivir, quizás después ese dolor se transforme y la Resiliencia se vuelva activa y pro-activa.

Charo Outes